domingo, 12 de junio de 2016

El Morrillo: entre el patrimonio, la historia y las políticas públicas

Por: Odlanyer Hernández de Lara

Me atrevería a decir que en la ciudad de Matanzas hay muchas personas que conocen la existencia de un paraje llamado El Morrillo. Algunos lo conocen por la playa, casi siempre poco frecuentada y tranquila. Otros lo conocen por el Museo y, quizás, algún día lo visitaron. Pero lo cierto es que esa punta donde desemboca el río Canímar fue elegida hace unos 300 años como lugar estratégico para proteger la ciudad de corsarios, piratas y las naciones enemigas. Allí se construyó un torreón para vigilar los barcos que se acercaran, del cual aún hoy en día se conservan sus cimientos. Luego se erigió una fortaleza para cuidar la ciudad y la entrada al río que daba acceso a las múltiples plantaciones de azúcar y café que exitían en las inmediaciones. También desde allí se defendió la rada durante la primera batalla de la Guerra Hispano-Cubano-Americana. Más tarde se abadonó el inmueble y fue aprovechado como refugio temporal por Antonio Guiteras y Carlos Aponte para intentar salir de la isla, pero fueron abatidos por el ejército. En su memoria se inauguró el Museo en la otrora fortaleza, declarado Monumento Nacional en 1978. Para abrirlo, fue necesaria una restauración capital del inmueble, que para entonces estaba en ruinas. Luego sucedieron varios cambios, pero desde entonces el museo ha mantenido sus puertas abiertas, por casi cuarenta años.

Vista de la batería El Morrillo, donde se observa a la derecha los cimientos del antiguo torreón. Foto: Julio Larramendi

Anualmente son necesarias reparaciones varias, pues el inmueble sufre, sobre todo, su cercanía al mar. Un mantenimiento constante sería más adecuado, pero no siempre se cuentan con los recursos necesarios para sostener un edificio histórico como El Morrillo.

Foto de la batería durante la restauración de 1974 para convertirla en museo

Según las declaraciones recientes al periódico Girón de la directora del museo, Gisela Álvarez Polo, este año fue necesaria una reparación importante del techo, lo que implicó un gasto significativo del presupuesto anual asignado. También se arreglaron balcones y ventanas, pero allí se agotaron los 74.000 pesos con que contaba la institución. El presupuesto solicitado para el año próximo es de 100.000 pesos, que servirá para avanzar bastante. Pero quizás lo más importante no sea hacer restauraciones capitales una vez cada tanto, sino monitorear constantemente el inmueble y hacer un mantenimiento frecuente antes de que surjan los problemas. Prevenir es la mejor manera de conservar el patrimonio histórico. Y El Morrillo es uno de esos lugares imprescindibles de nuestro patrimonio histórico.

Vista de El Morrillo durante la restauración del techo

A veces parece que no hace falta aclarar qué es el patrimonio histórico. Ya forma parte de esas frases trilladas que cualquiera repite o incluso afirma conocer. Pero, ¿será que esa mayoría conoce todo lo que acompaña al patrimonio histórico? Brevemente, hay que mencionar que el patrimonio es una elección consciente, no es simplemente algo viejo. Alguien elije qué denominar patrimonio y qué se queda afuera de esa lista supuestamente privilegiada. Al hacer esa elección, se tienen que fundamentar históricamente los valores que se le asignan al bien, ya sea un simple artefacto, un inmueble o un paisaje. Sí, los valores también son elecciones: se elije desde una postura teórica, desde un posicionamiento político, etc. Ninguna opinión es ajena al contexto social y político. Pero además de ello, al elegir un determinado bien como patrimonio histórico, ello implica que ese bien deba ser protegido, según indican nuestras leyes y decretos que velan por la salvaguarda del patrimonio nacional. Pues cuando se declara un bien como patrimonio es porque se asumen y aceptan esos valores otorgados y se elige, una vez más, que son importantes para la sociedad y deben perdurar para las generaciones futuras. Es así como nacieron los listados de sitios declarados Patrimonio de la Humanidad, que por cierto en Cuba tenemos algunos.

Las declaraciones patrimoniales le otorgan un papel excepcional al lugar declarado, lo que internacionalmente suele llamar la atención de muchas personas. Ello conlleva a que se incremente el número de visitantes y, de esa manera, se difundan los valores que elegimos conservar. Pero la conservación de esos sitios implica una inversión, que a largo plazo trae beneficios sociales y económicos. Esta inversión debe ser asumida con responsabilidad, donde el Gobierno provincial y municipal juegan un rol fundamental. El cuidado de nuestro patrimonio es una de las políticas públicas necesarias, que pueden recibir también contribuciones externas para su mantenimiento, aunque para ello es importante trazar dinámicas de manejo y programas de desarrollo que le den a la institución algo de autonomía para su financiamiento. El Morrillo tiene un potencial inexplorado que va más allá de lo que pueden imaginar muchos. El patrimonio de esa pequeña región tiene la clave para revivir la atracción del público. Como menciona su directora, “...cerrar sería absurdo...”. Hay que buscar soluciones a los problemas, trabajar en conjunto para lograr mantener este lugar histórico. Y en esto influye también el papel de la comunidad. Está en nosotros, como sociedad, que le otorguemos valor a nuestro patrimonio, a nuestro pasado, no sólo para que dure un poco más, sino, sobre todo, para que estos sitios históricos contribuyan al desarrollo social.

miércoles, 27 de abril de 2016

El Bombardeo de Matanzas desde extractos de “The Cuban and Porto Rican Campaigns” por Richard Harding Davis (1898)

Por Johanset Orihuela y Ricardo Viera*
Proyecto Progressus
El segundo capítulo de The Cuban and Porto Rican Campaigns, escrito por el reportero norteamericano Richard Harding Davies nos ofrece su punto de vista e interpretación sobre el primer acto de la guerra hispanoamericana, cual tuvo lugar en la bahía de Matanzas, costa norte de Cuba.
Harding se encontró a bordo del USS New York y presenció el bombardeo de Matanzas; tal y como el diario El País nombra el encuentro. Según Harding, el bombardeo de Matanzas duró un cuarto de hora, pero otras fuentes indican que tomó cerca de media hora. Harding sugiere que el encuentro rápidamente demostró el acumen y superioridad de la Marina norteamericana contra las fuerzas españolas en las costas matanceras. Los acorazados involucrados fueron el USS New York, quien iba a la delantera entrando en la bahía, seguido por el USS Cincinnati y el monitor USS Puritan.

Una vista del monitor USS Puritan
Cuenta Harding que la escuadra norteamericana caló lentamente hacia la boca de la bahía bajo el cielo azul de la tarde. El USS New York estaba a dos millas (3.22 km) de la costa matancera y con el catalejo se podían ver soldados españoles en trincheras recién abiertas. Para ese entonces, y mientras penetraban la boca de la bahía, la tripulación del USS New York se preguntaba si en la bahía habría minas. Según relata Harding, él se encontraba sobre cubierta conversando con parte de la tripulación cuando el Capitán Chadwick diera la orden a sus posiciones e indicó al cañonero Ensign Boone que apuntara 4000 yardas (~3658 m) a una de las trincheras de la costa. El contralmirante Sampson aprobaba desde el puente de comando las acciones del capitán. Desde entonces el bombardeo fue concentrado en las baterías costeras y trincheras, siendo el oficial Boon quien disparó el primer cañonazo.
Cuenta Harding que después de este primer disparo fue difícil contar el resto de los que siguieron, especialmente los del USS Cincinnati. Estos reverberaron en una cacofonía metálica con vibraciones sobre cubierta. El ruido era increíble y sin dudas audible por kilómetros a la redonda. Con cada disparo se creaba una neblina de humo que impedía respirar y observar. No se oyeron voces durante el bombardeo, excepto los comandos del teniente Mulligan.
Pero el New York no fue el único en disparar. Atrás le siguieron, y después de recibir permiso a través del heliógrafo, el Puritan y el Cincinnati, que estaban más afuera hacia la boca de la bahía. Una “batería insolente” les habría fuego desde el este. Esta pudiera ser la batería de Faro de Maya. Según observó Harding, los disparos del USS Puritan salían de sus cañones de 6 pulgadas, cuales estaban casi a la altura del mar, y daba la impresión de undirse mientras disparaba. Muchos de los tiros fueron intencionalmente disparados a los montículos de tierras de las trincheras, cuales escupían polvo y humo al aire con cada contacto. Varios de los disparos de una batería costera (Harding no indica cuál), llegaron muy cerca del USS New York, pero no a más de 100 yardas (91.4 m).
El relato de Harding es parcial, ya que este demuestra con sus comentarios su evidente posición a favor de la victoria de su nación. Aun así, sus observaciones nos abren una ventana peculiar al suceso histórico ocurrido allí en la tarde del 27 de abril de 1898.

Fuentes
Aquí incluiremos solo las partes que conciernen a Matanzas como fueron descritas por Harding Davis. Harding, Davis, R. (1898). “The Cuban and Porto Rican Campaigns” de Richard Harding Davis (1898). Imprenta de Charles Scribner’s Sons.
Para leer el capítulo completo, visite https://archive.org/details/cubanandportori00davigoog.
Adicionalmente a los artículos publicados en esta página, se le sugiere al lector interesado que lea el artículo “El peligro te viene de arriba: arqueología de una batalla durante la intervención estadounidense en la bahía de Matanzas, Cuba (1898)” por O. Hernández de Lara y colegas, quienes proveen un análisis íntegro sobre el bombardeo de Matanzas.

Hernández de Lara, O., L. Lorenzo Hernández, B. Rodríguez Tápanes, S. Hernández Godoy, e I. Hernández Campos. (2014). El peligro te viene de arriba: arqueología de una batalla durante la intervención estadounidense en la bahía de Matanzas, Cuba (1898) en Hernández de Lara, O. y Landa, C. (editores) Sobre Campos de Batalla: Arqueología de Conflictos Bélicos en América Latina, Cap. 6, pp. 191-233. Ediciones Aspha.
Para leer el capítulo completo, visite http://www.arqueologiaydesarrollo.org/p/publicaciones.html

lunes, 28 de marzo de 2016

La colección de mayólicas del Castillo de San Severino

Odlanyer Hernández de Lara


El Castillo de San Severino de Matanzas, ubicado en la margen occidental de la bahía matancera, ha sido objeto de excavaciones arqueológicas en varias oportunidades. El primer proyecto arqueológico se inició en 1994, al que continuaron excavaciones en 1998 y luego entre 2003 y 2006. También se han realizado varias prospecciones y seguimiento de obras de restauración, lo que ha conllevado a la detección de estructuras, elementos arquitectónicos y artefactos desconocidos hasta el momento.

Excavación arqueológica en las bóvedas bajo la rampa de acceso a la Plaza de Armas. Fotos tomadas de Hernández y Rodríguez (2016)

Las evidencias halladas en las excavaciones realizadas conformaron la colección de arqueología del Museo de la Ruta del Esclavo que tiene sede en la fortaleza. La mayor parte de las piezas proceden del propio inmueble, con una alta variedad de artefactos de hueso, cerámica, vidrio, metal y lítico. Entre los artefactos se encuentran muchos vinculados con la vida militar, como son charreteras metálicas, proyectiles, piedras de chispa y otras partes de piezas de artillería, así como cerraduras, candados y herramientas de trabajo. Además, está ricamente representada la cotidianidad del consumo por contenedores de vidrio y cerámica para bebidas alcohólicas, platos, fuentes, tazas y tazones de loza (Creamware, Pearlware, Whiteware, Ironstone), ollas de cerámica utilizaría, pipas para fumar tabaco, entre otros. En esta oportunidad, hacemos referencia sólo a las mayólicas que conforman la muestra de cerámicas.

Mayólica Tucson polícromo, procedente de México


El conjunto de mayólicas inventariadas en el Castillo de San Severino Museo de la Ruta del Esclavo corresponde en su gran mayoría a las excavaciones llevadas a cabo entre 2003 y 2006, aunque algunos fragmentos provienen de la excavación de 1994. No obstante, el grueso de las evidencias recuperadas en 1994 se encuentran en los fondos del Museo Provincial Palacio de Junco. Presenta una cronología extendida desde el primer cuarto del siglo XVIII hasta la segunda mitad del XIX, aunque el contexto ha sido fechado desde 1772 hasta finales de la centuria decimonónica.

Mayólica Faience Saint Cloud polícromo (siglos XVIII-XIX), procedente de Francia


Las formas representadas van desde jofainas y bacines, hasta platos llanos y hondos, pasando por pocillos, tazas y tazones. Las procedencias estimadas corresponden a la región de Puebla (México), Alcora, Sevilla y posiblemente Cataluña (España) y Francia.

Mayólica Triana polícromo, procedente de España

Una de las problemáticas a tener en cuenta para la conservación de la colección es precisamente el alto porcentaje de humedad del depósito de arqueología, ya que este constituye una de las dependencias de la fortaleza que no posee, hasta ahora, ningún tratamiento de climatización, ni cerramientos. Estas condiciones, que es preciso revertir con premura, no son exclusivas del Castillo de San Severino, constituyendo una problemática extendida en los museos provinciales y municipales -con contadas excepciones-, donde los depósitos suelen carecer de las condiciones mínimo imprescindibles para la conservación de las colecciones.

Mayólica Puebla azul sobre blanco, procedente de Mexico

Esta colección en particular constituye un exponente de alto valor para los estudios cerámicos en el centro histórico de la ciudad de Matanzas y en la provincia, ya que es la más significativa en cuanto a cantidad y variabilidad, así como por el lapso cronológico que cubre. Si se tiene en cuenta además que procede de una excavación arqueológica, considerando lo limitado de este tipo de trabajos en contextos históricos realizados en la provincia de Matanzas, su preservación se presenta como un compromiso inminente.

Bibliografía

Hernández de Lara, O. y B. Rodríguez Tápanes. 2009. Anotaciones acerca de la presencia de mayólicas en el Castillo de San Severino (Matanzas, Cuba). Cuba Arqueológica. Revista digital de Arqueología de Cuba y el Caribe. II (2):65-77.
Hernández de Lara, O. y B. Rodríguez Tápanes. 2010. La arqueología histórica en el Castillo de San Severino, Matanzas, Cuba. Resultados de investigación y cronología. Cuadernos de Antropología 6:133-150.
Hernández de Lara, O. y B. Rodríguez Tápanes. 2016. La colección de mayólicas del Castillo de San Severino, Museo de la Ruta del Esclavo (Matanzas, Cuba). Fragmentos de Pasado. Revista de Arqueología, No. 1: 79-108.
Pérez Orozco, L.; R. Viera Muñoz y C. Santana Barani. 2007. Arqueología histórica en el Castillo de San Severino. 1861. Revista de Espeleología y Arqueología. Edición Especial No. 2.
Rodríguez Tápanes, B.; G. Menéndez y L. Medina. 2001. Castillo de San Severino: arqueohistoria de una fortaleza. 1861. Revista de Espeleología y Arqueología 4 (1):19-27.

miércoles, 17 de febrero de 2016

El hundimiento del Maine en la bahía de La Habana (1898)

El 15 de febrero de 1898 se convirtió en una fecha clave para la historia de Cuba tras haber sido hundido en la bahía de La Habana el acorazado Maine, del Escuadrón del Atlántico Norte de la marina estadounidense. El hecho ocurrió a las 9:40pm y tuvo como consecuencia la muerte de 266 personas, entre oficiales y soldados, aunque seis de ellos fallecieron después, producto de las heridas sufridas [ver nombres].


El US Maine entrando a la bahía de La Habana

Tres semanas antes, el 25 de enero, el Maine había entrado a la capital cubana para proteger los intereses de los estadounidenses en la isla, debido al estado de guerra en que se encontraba el país entre los independentistas y el gobierno colonial español.

La explosión del Maine tuvo repercusiones inmediatas en la prensa de los países involucrados y, por supuesto, conllevó a que se tomaran medidas urgentes con respecto a su investigación para aclarar los motivos del siniestro. El gobierno de los Estados Unidos creó una comisión con tal fin, dirigida por el entonces capitán WilliamSampson. Los resultados fueron emitidos el 21 de marzo y señalaron que el hecho no había sido negligencia de los oficiales o la tripulación, sino que el Maine había sido destruido por la explosión de una mina submarina, aunque no tenían evidencias para establecer la responsabilidad sobre alguna persona en particular [ver informe].

Comisión para la investigación del hundimiento del Maine.
De izquierda a derecha: Capitain French E. Chadwick, Captain William T. Sampson,
Lieutenant Commander William P. Potter, Ensign W.V. Powelson,
Lieutenant Commander Adolph Marix

Lo cierto es que un mes después, el gobierno estadounidense comenzaba el bloqueo a Cuba y declaraba oficialmente la guerra a España. El hundimiento del Maine constituyó uno de los factores para la declaración de guerra, al punto que muchos investigadores han insinuado que haya sido una estrategia planificada para justificar la participación de los Estados Unidos en la guerra hispano-cubana.

En 1911, los restos del acorazado y parte de su tripulación fueron rescatados de la bahía habanera. Los fallecidos habían sido enterrados originalmente en el cementerio de Colón, en La Habana, aunque al año siguiente serían trasladados al Cementerio Nacional de Arlington. En 1915 se construyó el monumento en dicho cementerio con el mástil principal del Maine como atributo representativo. En La Habana se erigiría una década después, en 1925, en el malecón, aunque sufrió varias modificaciones a lo largo del tiempo.

Rescate de los restos del Maine en 1911

Monumento al Maine en La Habana, circa 1930

OFFICERS

Jenkins, Friend W., lieutenant
Merritt, Darwin R., assistant engineer

SAILORS

Adams, John T., coal passer
Aitken, James P., boatswain's mate, first class
Anderson, Axel C., seaman
Anderson, Charles, landsman
Anderson, Gustav A., seaman
Anderson, Holm A., coal passer
Anderson, John, boatswain's mate, second class
Anderson, John, seaman
Andrews, Frank, ordinary seaman
Anfindsen, Abraham, cockswain
Anglund, Bernhard, blacksmith
Auchenbach, Harry, fireman, second class
Barry, John P., apprentice, first class
Barry, Lewis L., coal passer
Baum, Henry S., landsman
Becker, Jakob, chief machinist
Bell, John R., cabin steward
Blomberg, Fred, landsman
Boll, Fritz, bayman
Bonner, Leon, seaman
Bookbinder, John, apprentice, second class
Boyle, James, quartermaster, first class
Brinkman, Heinrich, seaman
Brofeldt, Arthur, chief gunner's mate
Bruns, Adolph C., quartermaster, third class
Burkhardt, Robert, quartermaster, second class
Burns, Edward, coal passer
Butler, Frederick F., machinist, second class
Caine, Thomas, blacksmith
Cameron, Walter, seaman
Carr, Herbert M., gunner's mate, second class
Caulfield, William R.B., landsman
Chingi, Suke, mess attendant
Christiansen, Charles A., fireman, first class
Clark, Thomas, coal passer
Clarke, James C., shipwright
Cochrane, Michael, fireman, first class
Cole, Thomas M., bayman
Coleman, William, fireman, second class
Coleman, William, ordinary seamen
Conroy, Anthony, coal passer
Cosgrove, William, fireman, second class
Curran, Charles, cockswain
Dahlman, Berger, seaman
Dennig, Charles, seaman
Donoughy, William, ordinary seaman
Drury, James, fireman, first class
Edler, George, seaman
Eiermann, Charles F.W., gunner's mate, first class
*Erikson, Andrew V., seaman
Etts, John P., seaman
Evensen, Karl, seaman
Fadde, Charles F.J., apprentice, first class
Falk, Rudolph, oiler
Faubel, George D., chief machinist
Fewer, William J., boatswain's mate, second class
Finch, Trubie, apprentice, first class
Fisher, Alfred J., oiler
*Fisher, Frank, ordinary seaman
Flaherty, Michael, fireman, first class
Fleishman, Lewis M., seaman
Flynn, Patrick, fireman, second class
Fougere, John, coal passer
Fountain, Bartley, boatswain's mate, first class
Frank, Charles, apprentice, first class
Furlong, James F., coal passer
Gaffney, Patrick, fireman, first class
Gardner, Frank, coal passer
Gardner, Thomas J., chief, yeoman
Gordon, Joseph F., fireman, first class
Gorman, William H., ordinary seaman
Grady, Patrick, coal passer
Graham, Edward P., coal passer
Graham, James A., chief yeoman
Greer, William A., apprentice, first class
Griffin, Michael, fireman, second class
Gross, Henry, landsman
Grupp, Reinhardt, coal passer
Hallberg, John A., oiler
Hamburger, William, landsman
Hamilton, Charles A., apprentice, first class
Hamilton, John, chief carpenter's mate
Hanrahan, William C., cockswain
Harley, Daniel O'C., fireman, second class
Harris, Edward, water tender
Harris, Millard F., quartermaster, third class
Harty, Thomas J., coal passer
Hassell, Charles F., gunner's mate, third class
Hauck, Charles, landsman
Hawkins, Howard B., ordinary seaman
Hennekes, Albert B., gunner's mate, second class
Herriman, Benjamin H., apprentice, first class
*Holland, Alfred J., cockswain
Holm, Gustav, boatswain's mate, second class
*Holzer, Frederick C., ordinary seaman
Horn, William J, fireman, first class
Hough, William L., landsman
Hughes, Patrick, fireman, first class
Ishida, Otogiro, steerage cook
*Jectson, Harry, seaman
*Jernee, Fred, coal passer
Jencks, Carlton, gunner's mate, third class
Johansen, Peter C., seaman
Johnson, Charles, ordinary seaman
Johnson, George, coal passer
Johnson, John W., landsman
Johnsson, Peter, oiler
Jones, Thomas J., coal passer
Just, Charles F., apprentice, first class
Kane, Michael, coal passer
Kay, John A., machinist, first class
Kelly, Hugh, coal passer
Kelly, John, coal passer
Keskull, Alexander, seaman
Keys, Harry J., ordinary seaman
Kihlstrom, Fritz, ordinary seaman
Kinsella, Thomas F., machinist, second class
Kinsey, Frederick E., machinist, second class
Kitagata, Yukichi, warrant officer's cook
Kniese, Frederick H., machinist, first class
*Koebler, George W., apprentice, first class
Kranyak, Charles, apprentice, first class
Kruse, Hugo, painter
Laird, Charles, master-at-arms, third class
Lambert, William, fireman, second class
Lancaster, Luther, boatswain's mate, second class
Lapierre, George, apprentice, first class
Lawler, Edward, coal passer
League, James M., chief yeoman
Lee, William J., apprentice, first class
Leene, Daniel, coal passer
Lees, Samuel, ordinary seaman
Leupold, Gustav, fireman, second class
Lewis, Daniel, oiler
Lewis, John B., water tender
Lieber, George, apprentice, first class
Lorenzen, Jorgen J., oiler
Louden, James W., apprentice, second class
Lowell, Clarence E., ordinary seaman
Lund, William, cockswain
Lydon, John T., ordinary seaman
Lynch, Bernard, fireman, first class
Lynch, Matthew, coal passer
McGonigle, Hugh, fireman, second class
McManus, John J, fireman, second class
McNiece, Francis J., coal passer
Malone, Michael, fireman, second class
Marsden, Benjamin L., apprentice, first class
Marshall, John E., landsman
Martensson, Johan, gunner's mate, third class
Mason, James H., landsman
Matiasen, Carl, seaman
Matza, John, coal passer
Meilstrup, Elmer M., ordinary seaman
Mero, Eldon H., chief machinist
Merz, John, landsman
Miller, George, seaman
Miller, William S., apprentice, second class
Mobles, George, cockswain
Monfort, William, landsman
Moore, Edward H., coal passer
Moss, Gerhard C., machinist, first class
Moss, John H., landsman
Mudd, Noble T., seaman
Murphy, Cornelius, oiler
Nagamine, Tomekichi, mess attendant
Nielsen, John C., seaman
Nielsen, Sophus, cockswain
Noble, William, fireman, second class
Nolan, Charles M., gunner's mate, third class
O'Conner, James, chief boatswain's mate
O'Hagan, Thomas J., apprentice, first class
Ohye, Mas, mess attendant
O'Neill, Patrick, fireman, second class
Ording, Gustav C., carpenter's mate, third class
O'Regan, Henry H., landsman
Paige, Frederick, landsman
Palmgren, John, seaman
Perry, Robert, mess attendant
Phillips, Francis C., apprentice, first class
Pinkney, James, mess attendant
Porter, John, coal passer
Powers, John, oiler
Price, Daniel, fireman, first class
Quigley, Thomas J., plumber and fitter
Quinn, Charles P., oiler
Reiger, William A., gunner's mate, first class
Reilly, Joseph, fireman, first class
Rising, Newell, coal passer
Robinson, William, landsman
Roos, Peter, sailmaker
Rushworth, William, chief machinist
Safford, Clarence E., gunner's mate, first class
Salmin, Michael E., ordinary seaman
Schroeder, August, ordinary seaman
Scott, Charles A., carpenter's mate, second class
Scully, Joseph, boiler maker
Seery, Joseph, fireman, first class
Sellers, Walter S., apothecary
Shea, John J., coal passer
Shea, Patrick J., fireman, first class
Shea, Thomas, landsman
Sheridan, Owen, fireman, second class
Shillington, John H., yeoman, third class
Simmons, Alfred, coal passer
*Smith, Carl A., seaman
Smith, Nicholas J., apprentice, first class
Stevenson, Nicholas, seaman
Sugisaki, Isa, wardroom steward
Sutton, Frank, fireman, second class
Suzuki, Kashitara, mess attendant
Talbot, Frank C., landsman
Tehan, Daniel J., coal passer
Thompson, George, landsman
Tigges, Frank B., coppersmith
Tinsman, William H., landsman
Todoresco, Constantin, fireman, first class
Troy, Thomas, coal passer
Tuohey, Martin, coal passer
Wallace, John, ordinary seaman
Walsh, Joseph F., cockswain
Warren, John, fireman, second class
White, Charles O., chief master-at-arms
White, Robert, mess attendant
Whiten, George, seaman
Wickstrom, Johan E., seaman
Wilbur, George W., apprentice, first class
Wilson, Albert, seaman
Wilson, Robert, chief quartermaster
Zeigler, John H., coal passer

MARINES

Bennet, John, private
Botting, Vincent H., private
Brosnan, George, private
Brown, James T., sergeant
Burns, James R., private
Dierking, John H., drummer
Downing, Michael J., private
Johnson, Charles E., private
Jordan, William J., private
Kean, Edward F., private
Kelly, Frank, private
Lauriette, George M., private
Losko, Peter A., private
McDermott, John, private
Monahan, Joseph P., private
Newman, F.J., private
Newton, C.H., fifer
Richter, A.H., corporal
Roberts, James H., private
Schoen, Joseph, corporal
Stock, H.E., private
Strongman, James, private
Suman, E.B., private
Timpany, E.B., private
Van Horn, H.A., private
Wagner, Henry, first sergeant
Warren, Asa V., private
Wills, A.O., private

Fuente: Appendix to the Report of the Chief of the Bureau of Navigation, 1898 (Washington, D.C.: Government Printing Office, 1898).
http://www.history.navy.mil/browse-by-topic/disasters-and-phenomena/destruction-of-uss-maine/casualties-on-uss-maine.html

martes, 2 de febrero de 2016

El bombardeo a Matanzas de 1898: la película

Por Odlanyer Hernández de Lara

Los meses de febrero, marzo y abril de 1898 fueron una caldera en ebullición de la prensa internacional. Las tirantes relaciones entre España y los Estados Unidos (EEUU), en vez de mejorar, iban subiendo el tono cada día más. Finalmente, el 22 abril EEUU inicia el bloqueo naval a Cuba con su Escuadrón del Atlántico Norte comandado por el entonces Capitán William Sampson. Las declaraciones formales de guerra llegarían unos días después, pero las acciones militares ya habían comenzado. La prensa estaba al tanto del mínimo detalle y cuando se produce el denominado Bombardeo a Matanzas, el 27 de abril, los titulares explotaron. Era la primera batalla de una guerra que recién comenzaba.

La magnitud del impacto social del suceso se comenzó a valorar recientemente. Lo cierto es que lo que algunos denominaron como un pequeño ensayo, tuvo un impacto significativo en su momento. La batalla se reflejó en disímiles formatos de divulgación por todo el mundo, al punto de pasar a formar parte de la compilación de las batallas decimonónicas, se le dedicara una medalla y su relato conformara capítulos de libros de historia. Pero no fue sólo eso: el bombardeo a Matanzas fue el escenario de una película de guerra que se encuentra entre las primeras de su tipo en la historia del cine.

Imágenes de la película del
Bombardeo a Matanzas. Foto:
http://lakecountyhistory.blogspot.com/2010/
09/edward-amets-films-1896-1898.html


La década de 1890 vio emerger las primeras filmaciones de conflictos armados, entre los que se encuentra la Guerra Hispano-Cubano-Americana. Edward Hill Amet (1860-1948), un inventor estadounidense que había creado el Magniscopio -primer proyector práctico de 35mm de imagen en movimiento-, fue uno de los protagonistas, junto a otras figuras como Thomas Edison, de las creaciones fílmicas dedicadas a esta guerra, aunque nunca estuvo en Cuba. Según varias fuentes, le fue denegado el permiso para viajar a la isla y filmar la guerra.

Entre las películas dedicadas a la guerra de 1898, Amet le dedicó una a la batalla acaecida en Matanzas, denominada precisamente: Bombardment of Matanzas. Aparentemente, la película fue producida justo después de conocidos los hechos, entre los últimos días de abril y el mes de mayo. Para darle vida a sus películas relacionadas con la guerra en cuestión, construyó un tanque poco profundo de unos siete metros de largo por cinco de ancho, con un fondo con montañas dibujadas. Allí reprodujo los escenarios bélicos con modelos en escala 1/70 de los barcos y las baterías. Los barcos tenían detalles de las banderas, el armamento, etc., con medidas de entre 1 y 1.5 metros de largo y entre 70 y 90 centímetros de altura. Estas elaboraciones lo reconocieron como uno de los pioneros de la filmografía basada en modelos.

Edward Hill Amet delante de la piscina donde se desarrollaron sus películas dedicadas a la Guerra Hispano-Cubano-Americana. Foto: http://lakecountyhistory.blogspot.com/2010/09/edward-amets-films-1896-1898.html

Su experiencia inventiva le aportó mucho a sus películas. Con un ventilador simulaba las olas del mar, los barcos eran impulsados por electricidad, generaba humo a partir de algodones empapados en alcanfor y el armamento estaba equipado con pólvora y detonadores para disparar. Aparentemente, el desarrollo de la película estaba basado en las narraciones publicadas en la prensa de la época y los modelos de los barcos construidos en base a las fotografías y dibujos divulgados en los diarios.

Las películas de Amet tuvieron una gran acogida entre el público estadounidense y además fueron comercializadas y proyectadas en otros países. Uno hallazgo significativo en esta investigación ha sido precisamente una foto de la Exposición Internacional Trans-Mississippi, realizada en la ciudad de Omaha, en Nebraska, entre el 1 de octubre y el 31 de octubre de 1898. En la foto aparece la fachada de un edificio de la mencionada exposición, donde se divulga la proyección de la película de Amet dedicada al bombardeo a Matanzas. Es interesante anotar que el edificio estaba dedicado a la compañía de Thomas Edison denominada Electrical Prodruction y varios letreros alusivos al suceso decoran las columnas del inmueble, haciendo referencia a la fecha de la batalla, las embarcaciones estadounidenses que intervinieron, incluso acompañadas de imágenes de los barcos y la invitación a ver las bombas estallando.

Vista de la facha del edificio donde se observa la publicidad de la película del Bombardeo a Matanzas durante la Exposición Internacional Trans-Mississippi realizada en la ciudad de Omaha, Nebraska. Foto: F. A. Rinehart (1898). http://www.omahapubliclibrary.org/transmiss/research/cleanhtml/tmi01014.html

La película fue comentada en los diarios de la época, como el New York Clipper, donde se puede observar que la narrativa alude a una película real, filmada en el lugar del hecho, aunque esta hubiera sido filmada en el patio de su casa en Waukegan, Illinois.

Bombardment of Matanzas
The new Telescopic Lens is a triunph of modern photography. It is possible to obtain accurate pictures at very long range. This is a most marvelous picture; in the distance can be seen the mountains and shore line where are located the Spanish batteries. The Flagship New York and the monitor Puritan are in full action pouring tons of iron and steel at the masked batteries on the shore. Volumes of smoke burst from the monster guns, while shot and shell fall thick and fast. Some shells are seen to burst in the air, scattering their deadly missiles in all directions, while others explode in the sea, throwing volumes of water in the air. A final shot from one of the thirteeninch guns of the Puritan lands exactly in the centre of the main battery, completely blowing it out of existence. 600 feet of this engagement was taken and it has been cut down to 100 feet, using only the best and most interesting parts. Price of this film only $30.
New York Clipper, 2 July 1898.

Bibliografía


Bottomore, S. (2007), Filming, faking and propaganda: The origin of the war film, 1897-1902. Tesis de Doctorado, Universiteit Utrecht.

Dretske, D. (2010), “Edward Hill Amet (1840-1948)”. Lake County, Illinois History. http://lakecountyhistory.blogspot.com/2010/08/edward-hill-amet-1860-1948.html (12/16/2015).

Dretske, D. (2010), “Edward Amet's Films, 18961898”. Lake County, Illinois History. http://lakecountyhistory.blogspot.com/2010/09/edward-amets-films-1896-1898.html (12/16/2015).

Hernández de Lara, O.; L. Lorenzo Hernández, B. Rodríguez Tápanes, S. Hernández Godoy e I. Hernández Campos (2014), “'El peligro te viene de arriba'. Arqueología de una batalla durante la intervención estadounidense en la bahía de Matanzas, Cuba (1898). En: Sobre campos de batalla. Arqueología de conflictos bélicos en América Latina (C. Landa y O. Hernández de Lara, eds.). Buenos Aires, Aspha Ediciones.

Kekatos, K. J. (2002), “Edward H. Amet and the SpanishAmerican War film”. Film History. July 1.

viernes, 22 de enero de 2016

William Thomas Sampson y la Guerra Hispano-Cubano-Americana

Por Odlanyer Hernández de Lara

El hundimiento del acorazado Maine en la bahía de La Habana el 15 de febrero de 1898 dio el puntapié necesario para la intervención estadounidense en la Guerra de Independencia de Cuba, que se había iniciado tres años antes. Los sucesos del Maine conllevaron a la creación de una comisión que se ocupara de la investigación, que tuvo como presidente al entonces Capitán de la US Navy William Thomas Sampson, quien mas tarde dirigiría la flota estadounidense durante el bloqueo a Cuba y la Guerra Hispano-Cubano-Americana.

William Thomas Sampson (1840-1902), hacia 1899.
Foto: Library of Congress http://www.loc.gov/item/2004671836/

Sampson nació en Palmyra, New York, el 9 de febrero de 1840 y a los 17 años entró como cadete a la Academia Naval de los Estados Unidos, de donde se graduó en 1861. Para entonces la crisis de la secesión de los estados del sur alcanzaba su clímax e iniciaba la Guerra Civil estadounidense. Como simpatizante de la Unión, Sampson se alistó en el Washington Navy Yard en abril del mismo año y participó en varias acciones militares. Mientras tanto, fungió como instructor de la Academia Naval, actividad que se vio interrumpida temporalmente para ocupar el puesto de Oficial Ejecutivo del monitor Patapsco.

Luego de la Guerra Civil, en 1866, fue acendido a Lieutenant-Commander, mientras ocupó disímiles puestos en diferentes escuadrones navales, como profesor y otros cargos en diferentes instituciones militares. En 1890 es ascendido a Capitán. Ya poseía una amplia experiencia, que también se extendía a propuestas de defensa, armamento, etc.

Al finalizar la investigación del hundimiento del Maine, Sampson es nombrado Comandante del Escuadrón del Atlántico Norte, y es asignado al bloqueo a Cuba y su posterior intervención abordo del buque insignia, el acorazado protegido New York. Aparentemente, la propuesta de Sampson era atacar directamente La Habana, aunque esta no habría sido aprobada por Navy Department.

El Contralmirante Sampson en el puente del acorazado protegido New York,
al mando del Escuadrón del Atlántico Norte (1898)

Lo cierto es que el 27 de abril de 1898, Sampson dirige al buque insignia hacia la bahía de Matanzas a la sazón de la construcción de las nuevas baterías para la protección de la ciudad, que en parte eran consecuencia de la posibilidad de desembarco de la marina estadounidense. Al frente del New York, y acompañado del crucero protegido Cincinnati y el monitor Puritan, Sampson dirige la primera batalla de la Guerra Hispano-Cubano-Americana en las costas de Matanzas.

La guerra recién comenzaba y todo se definiría luego en la bahía de Santiago de Cuba. Aunque la guerra tuvo su continuidad en Puerto Rico y Philipinas.

Unos días antes del ataque a Matanzas, Sampson había sido ascendido a Contralmirante (Rear Admiral), cuestión que ha sido objeto de confusión en la historiografía al designarlo como Almirante de la flota estadounidense.

Pronto comenzó a afectarle la salud y tuvo que abandonar su puesto al frente del Escuadrón del Atlántico Norte, para continuar en la docencia. En 1899 la Universidad de Harvard le concede el Doctorado Honorífico en Leyes, mientras estaba a cargo del Boston Navy Yard. Fallece el 6 de mayo de 1902 y su funeral es concurrido por numerosos oficiales y políticos, entre los que se encontró el propio presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt.

Un año antes de su muerte, la Secretaría de Marina de los Estados Unidos autoriza la emisión de una medalla de conmemorativa de bronce destinada a todos los participantes en las operaciones navales ocurridas en Cuba durante la guerra con España entre el 27 de abril y el 14 de agosto de 1898. En el frente de la medalla quedaría inmortalizado el Contralmirante William Thomas Sampson.

Más información:

http://www.spanamwar.com/sampson.htm

http://www.arlingtoncemetery.net/wsampson.htm

https://www.loc.gov/rr/hispanic/1898/sampson.html

lunes, 18 de enero de 2016

Castillo de San Severino de Matanzas

Por Silvia Hernández Godoy, Odlanyer Hernández de Lara y Boris Rodríguez Tápanes

Luego de que la Flota de la Plata fuera abatida en la bahía de Matanzas por el corsario holandés Piet Hein en 1628, los ojos de la Corona española comenzaron a prestar atención a esa zona, que desde entonces se vislumbraba estratégica por su cercanía a La Habana. Ello conllevó a una primera propuesta de fortificación que data de 1653, aunque no fue bien recibida por Felipe IV, pues La Habana era la prioridad del momento, con la tremenda obra de amurallar la ciudad.

En una Real Cédula del 14 de abril de 1682, el rey aprueba la nueva propuesta de fundación de ciudad y fortaleza en la bahía matancera, donde el año anterior corsarios ingleses y franceses habían saqueado el ingenio que allí se encontraba. Este nuevo proyecto fue concebido por el ingeniero militar Juan de Císcara.

Traza de San Severino concebida por el ingeniero Juan de Císcara (1680). Tomado del texto de Francisco Castillo Meléndez (1986).

Si bien el rey había recomendado iniciar las obras en septiembre del mismo año, los inconvenientes no tardaron en aparecer y, nuevamente, la construcción del castillo de Matanzas se postergaba. Tras el fallecimiento de Císcara en 1690, llega a la isla el ingeniero militar Juan de Herrera Sotomayor, quien se ocuparía de revisar el proyecto de fortificación anterior y reformularlo, aunque respetando algunas cuestiones. Los cambios repercutieron en el costo de la obra, pero finalmente, cinco meses antes de la fundación de la ciudad de Matanzas, comienza a prepararse el terreno donde se erigiría el Castillo de San Severino.

Un día después de fundada San Carlos y San Severino de Matanzas, el 13 de octubre de 1693, el obispo Diego Evelino de Compostela y el Capitán General Severino de Manzaneda pasaron al paraje de Punta Gorda,

“…donde se deslindó el Castillo, y su señoría ilustrísima bendijo la primera piedra de él, que el Sr. Gobernador sentó en el ángulo flanqueado del valuarte [sic] que hace frente a la bahía y que mira a la población poniéndole por nombre a la fortaleza, San Carlos de Manzaneda (...) bendiciendo por la tarde otra piedra que puso el gobernador en el sitio del altar de la capilla que antes estaba delineando, y concluyó bendiciendo todo lo demás” (Archivo Histórico Provincial de Matanzas. Actas Capitulares. Matanzas, 13 de octubre de 1693).

Con el gobierno de Güemes Horcacitas (1734-1746) se le dio un impulso importante a la obra. Por mandato del Capitán General, el ingeniero militar Antonio Arredondo se dirigió a Matanzas. Este confeccionó un proyecto que variaba las dependencias internas de la fortaleza. En 1736 se comunicaba que la plataforma estaba terminada, solo faltaba la artillería. En 1740 el gobernado había añadido 25 esclavos a la maestranza con el fin de culminar las obras exteriores y hacia 1746 la obra militar quedaba terminada.

Plano de San Severino realizado por el ingeniero militar Antonio Arredondo (1734).
Archivo General de Indias. Fondo Mapas y Planos.

Bibliografía


Archivo Histórico Provincial de Matanzas (AHPM). Fondo Actas Capitulares (1693-1898).
Castillo Meléndez, Francisco (1986). La defensa de la Isla de Cuba en la segunda mitad del siglo XVII. Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla.
Hernández Godoy, Silvia (2006). Castillo de San Severino: insomne caballero del puerto de Matanzas (1680-1898). Matanzas, Ediciones Matanzas.