viernes, 22 de enero de 2016

William Thomas Sampson y la Guerra Hispano-Cubano-Americana

Por Odlanyer Hernández de Lara

El hundimiento del acorazado Maine en la bahía de La Habana el 15 de febrero de 1898 dio el puntapié necesario para la intervención estadounidense en la Guerra de Independencia de Cuba, que se había iniciado tres años antes. Los sucesos del Maine conllevaron a la creación de una comisión que se ocupara de la investigación, que tuvo como presidente al entonces Capitán de la US Navy William Thomas Sampson, quien mas tarde dirigiría la flota estadounidense durante el bloqueo a Cuba y la Guerra Hispano-Cubano-Americana.

William Thomas Sampson (1840-1902), hacia 1899.
Foto: Library of Congress http://www.loc.gov/item/2004671836/

Sampson nació en Palmyra, New York, el 9 de febrero de 1840 y a los 17 años entró como cadete a la Academia Naval de los Estados Unidos, de donde se graduó en 1861. Para entonces la crisis de la secesión de los estados del sur alcanzaba su clímax e iniciaba la Guerra Civil estadounidense. Como simpatizante de la Unión, Sampson se alistó en el Washington Navy Yard en abril del mismo año y participó en varias acciones militares. Mientras tanto, fungió como instructor de la Academia Naval, actividad que se vio interrumpida temporalmente para ocupar el puesto de Oficial Ejecutivo del monitor Patapsco.

Luego de la Guerra Civil, en 1866, fue acendido a Lieutenant-Commander, mientras ocupó disímiles puestos en diferentes escuadrones navales, como profesor y otros cargos en diferentes instituciones militares. En 1890 es ascendido a Capitán. Ya poseía una amplia experiencia, que también se extendía a propuestas de defensa, armamento, etc.

Al finalizar la investigación del hundimiento del Maine, Sampson es nombrado Comandante del Escuadrón del Atlántico Norte, y es asignado al bloqueo a Cuba y su posterior intervención abordo del buque insignia, el acorazado protegido New York. Aparentemente, la propuesta de Sampson era atacar directamente La Habana, aunque esta no habría sido aprobada por Navy Department.

El Contralmirante Sampson en el puente del acorazado protegido New York,
al mando del Escuadrón del Atlántico Norte (1898)

Lo cierto es que el 27 de abril de 1898, Sampson dirige al buque insignia hacia la bahía de Matanzas a la sazón de la construcción de las nuevas baterías para la protección de la ciudad, que en parte eran consecuencia de la posibilidad de desembarco de la marina estadounidense. Al frente del New York, y acompañado del crucero protegido Cincinnati y el monitor Puritan, Sampson dirige la primera batalla de la Guerra Hispano-Cubano-Americana en las costas de Matanzas.

La guerra recién comenzaba y todo se definiría luego en la bahía de Santiago de Cuba. Aunque la guerra tuvo su continuidad en Puerto Rico y Philipinas.

Unos días antes del ataque a Matanzas, Sampson había sido ascendido a Contralmirante (Rear Admiral), cuestión que ha sido objeto de confusión en la historiografía al designarlo como Almirante de la flota estadounidense.

Pronto comenzó a afectarle la salud y tuvo que abandonar su puesto al frente del Escuadrón del Atlántico Norte, para continuar en la docencia. En 1899 la Universidad de Harvard le concede el Doctorado Honorífico en Leyes, mientras estaba a cargo del Boston Navy Yard. Fallece el 6 de mayo de 1902 y su funeral es concurrido por numerosos oficiales y políticos, entre los que se encontró el propio presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt.

Un año antes de su muerte, la Secretaría de Marina de los Estados Unidos autoriza la emisión de una medalla de conmemorativa de bronce destinada a todos los participantes en las operaciones navales ocurridas en Cuba durante la guerra con España entre el 27 de abril y el 14 de agosto de 1898. En el frente de la medalla quedaría inmortalizado el Contralmirante William Thomas Sampson.

Más información:

http://www.spanamwar.com/sampson.htm

http://www.arlingtoncemetery.net/wsampson.htm

https://www.loc.gov/rr/hispanic/1898/sampson.html

lunes, 18 de enero de 2016

Castillo de San Severino de Matanzas

Por Silvia Hernández Godoy, Odlanyer Hernández de Lara y Boris Rodríguez Tápanes

Luego de que la Flota de la Plata fuera abatida en la bahía de Matanzas por el corsario holandés Piet Hein en 1628, los ojos de la Corona española comenzaron a prestar atención a esa zona, que desde entonces se vislumbraba estratégica por su cercanía a La Habana. Ello conllevó a una primera propuesta de fortificación que data de 1653, aunque no fue bien recibida por Felipe IV, pues La Habana era la prioridad del momento, con la tremenda obra de amurallar la ciudad.

En una Real Cédula del 14 de abril de 1682, el rey aprueba la nueva propuesta de fundación de ciudad y fortaleza en la bahía matancera, donde el año anterior corsarios ingleses y franceses habían saqueado el ingenio que allí se encontraba. Este nuevo proyecto fue concebido por el ingeniero militar Juan de Císcara.

Traza de San Severino concebida por el ingeniero Juan de Císcara (1680). Tomado del texto de Francisco Castillo Meléndez (1986).

Si bien el rey había recomendado iniciar las obras en septiembre del mismo año, los inconvenientes no tardaron en aparecer y, nuevamente, la construcción del castillo de Matanzas se postergaba. Tras el fallecimiento de Císcara en 1690, llega a la isla el ingeniero militar Juan de Herrera Sotomayor, quien se ocuparía de revisar el proyecto de fortificación anterior y reformularlo, aunque respetando algunas cuestiones. Los cambios repercutieron en el costo de la obra, pero finalmente, cinco meses antes de la fundación de la ciudad de Matanzas, comienza a prepararse el terreno donde se erigiría el Castillo de San Severino.

Un día después de fundada San Carlos y San Severino de Matanzas, el 13 de octubre de 1693, el obispo Diego Evelino de Compostela y el Capitán General Severino de Manzaneda pasaron al paraje de Punta Gorda,

“…donde se deslindó el Castillo, y su señoría ilustrísima bendijo la primera piedra de él, que el Sr. Gobernador sentó en el ángulo flanqueado del valuarte [sic] que hace frente a la bahía y que mira a la población poniéndole por nombre a la fortaleza, San Carlos de Manzaneda (...) bendiciendo por la tarde otra piedra que puso el gobernador en el sitio del altar de la capilla que antes estaba delineando, y concluyó bendiciendo todo lo demás” (Archivo Histórico Provincial de Matanzas. Actas Capitulares. Matanzas, 13 de octubre de 1693).

Con el gobierno de Güemes Horcacitas (1734-1746) se le dio un impulso importante a la obra. Por mandato del Capitán General, el ingeniero militar Antonio Arredondo se dirigió a Matanzas. Este confeccionó un proyecto que variaba las dependencias internas de la fortaleza. En 1736 se comunicaba que la plataforma estaba terminada, solo faltaba la artillería. En 1740 el gobernado había añadido 25 esclavos a la maestranza con el fin de culminar las obras exteriores y hacia 1746 la obra militar quedaba terminada.

Plano de San Severino realizado por el ingeniero militar Antonio Arredondo (1734).
Archivo General de Indias. Fondo Mapas y Planos.

Bibliografía


Archivo Histórico Provincial de Matanzas (AHPM). Fondo Actas Capitulares (1693-1898).
Castillo Meléndez, Francisco (1986). La defensa de la Isla de Cuba en la segunda mitad del siglo XVII. Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla.
Hernández Godoy, Silvia (2006). Castillo de San Severino: insomne caballero del puerto de Matanzas (1680-1898). Matanzas, Ediciones Matanzas.


sábado, 16 de enero de 2016

La batería de Punta Maya y la Guerra Hispano-Cubano-Americana: una fotografía reveladora

Por Odlanyer Hernández de Lara

Uno de los conflictos que se abordan desde el Proyecto Progressus es la Guerra Hispano-Cubano-Americana, que inició en 1898, con la intervención estadounidense en la Guerra de Independencia de Cuba. La investigación histórica se ha orientado hacia disímiles derroteros, entre ellos la revisión exhaustiva de los reportes del Departamento de Guerra de los Estados Unidos, pues estos constituyen una fuente sistemática de información durante los casi cuatro años de ocupación del país. Una de estas búsquedas, realizada por el investigador Boris Rodríguez Tápanes, dio como resultado la localización de una fotografía excepcional de una de las baterías matanceras construidas en 1898, lo que constituye, sin dudas, un aporte significativo.

La imagen muestra parte de la batería de Punta Maya, uno de los puntos que se fortificaron luego del hundimiento del acorazado Maine en La Habana, el 15 de febrero de 1898, y la inminente participación de los Estados Unidos en la contienda. Para entonces, Matanzas contaba con un anticuado cinturón defensivo compuesto por el Castillo de San Severino, la batería El Morrillo y la batería de Peñas Altas. Había pasado casi medio siglo de la demolición de la batería de San José de La Vigía.

Batería de arena construida en 1898, ubicada en Punta Maya, Matanzas, Cuba

Las nuevas baterías que se comenzaron a construir en 1898 tratarían de reforzar la protección de la rada, ubicándose en puntos estratégicos. Entre los lugares fortificados se encontraba Punta Maya. El topónimo en sí mismo siempre contribuyó a dar por sentada la ubicación de esta batería, aunque los planos conocidos hasta el momento indicaban el lugar a groso modo, sin especificar su ubicación exacta.

Entre los planos de la época, se cuenta con el de un agregado militar ruso que escribió un informe sobre el estado de las defensas de Cuba ante la guerra y en el cual el único mapa es precisamente de la bahía de Matanzas. Otro mapa de la bahía con la ubicación aproximada de las fortificaciones se publicó en Battles of the Nineteenth Century, con una breve historia de la batalla. También se conocen algunas descripciones que hacen referencia a su ubicación, como las aportadas por un agregado militar británico que visitó las obras de defensa y hasta hizo croquis de cada uno de los emplazamientos, los que fueron publicados en su detallado informe. Incluso hay referencias aisladas de que el militar británico había tomado fotografías de las baterías, pero hasta ahora se desconoce si se han conservado.

Lo cierto es que, hasta el momento, contamos con esta única fotografía, que no solo contribuye a la ubicación de la batería en la actualidad, sino que ofrece un panorama del terreno, la ubicación de las piezas de artillería, el tipo de artillería utilizada y las características constructivas. El punto de referencia principal para su localización es precisamente el Faro de Maya, que se observa al fondo de la imagen. Este inmueble permite comparar la perspectiva de la fotografía con la actualidad del paisaje, lo que, en conjunto con un estudio topográfico de la zona, facilitará su redescubrimiento.

En la imagen se ve en primer plano un obús Howitzer de 21 cm, sunchado y, posiblemente, con el ánima rayada. Instalado en una cureña giratoria de metal, este obús tenía un alcance útil de 5 mil metros como máximo. Es una pieza de la década del setenta del siglo XIX, aparentemente modelo 1872. Este tipo de artillería se instaló en varias fortificaciones matanceras en la década de 1880.

El obús está instalado en una de las cinco troneras (abertura que se utiliza para disparar con protección) que se observan. La batería está construida de arena con postes de madera y ramaje que delimitan las troneras para su sostenimiento. Pero el detalle fundamental, como marcamos antes, es la ubicación del Faro Maya.

La investigación histórica y arqueológica de este espacio, permitirá una mejor aproximación al conocimiento de este enclave defensivo, al mismo tiempo que nos permitirá abordar las estrategias defensivas del territorio y la vida cotidiana en el frente de batalla.


viernes, 15 de enero de 2016

El Bombardeo a Matanzas en las batallas navales del siglo XIX

Por Odlanyer Hernández de Lara

El enfrentamiento entre la flota estadounidense y las defensas hispanas en la bahía de Matanzas ha quedado en la historia como el “Bombardeo a Matanzas”. Así se le denominó en la prensa en su momento y se ha seguido repitiendo ininterrumpidamente desde entonces. Pero es preciso aclarar algunos detalles conceptuales: un bombardeo implica simplemente lanzar bombas hacia un lugar determinado. Si se considera someramente el suceso de Matanzas, es muy simple observar que lo ocurrido está muy distante de haber sido un simple bombardeo.

Como bien se ha planteado recientemente por un grupo de investigadores (Hernández de Lara et al. 2014), este hecho fue una batalla terrestre-naval en toda su dimensión, que incluyó combates concretos que se desarrollaron al mismo tiempo, al enfrentarse las tres embarcaciones militares con distintos puntos fortificados. Este hecho, además, fue la primera batalla de la Guerra Hispano-Cubano-Americana. Como tal, su impacto en los medios de prensa de la época fue contundente, aunque muchas veces exagerado, incluso por los que participaron en persona.

Tal es así que los relatos sobre el “Bombardeo a Matanzas” abundan en diferentes fuentes periodísticas, en libros y hasta se le dedicó una película. Su importancia, para el momento de iniciada la guerra, influyó para que la acción fuera incluida en la serie de libros Battles of the Nineteenth Century. Es así como en el quinto tomo, publicado en 1901 por A. Hilliard Atteridge, se incluye la narración de la batalla. Esta visión del suceso contiene muchos errores, que en parte han sido señalados por Hernández de Lara y colaboradores (2014), a pesar de tener en cuenta las noticias hispanas sobre el hecho. Pero la base de la narrativa es el relato de un periodista del New York Herald, que escribió su crónica desde la embarcación de prensa y, por tanto, muchos detalles, más que descriptivos, son imaginativos.

Cubierta del libro
Battles of the Nineteenth Century (1901)

Pero a pesar de todo, es una perspectiva de la batalla y vale la pena compartirla para que pueda ser leída y, posteriormente, comparada con otros relatos del mismo suceso. De esa forma, se pueden llegar a aproximaciones más acertadas de lo que ocurrió. Para ello, nosotros agregamos una fuente de información fundamental: la arqueología. Esto permite contrastar los relatos históricos con las evidencias materiales, para de esa forma generar nuevas narrativas que confirmen o refuten la historia conocida.

Abajo, transcribimos el relato publicado en Battles of the Nineteenth Century y, además, ponemos a disposición de todos el fragmento original del libro. Es preciso aclarar que el mapa de la bahía de Matanzas que incluímos aquí aparece en la página 107 del libro, por lo que no se encuentra en el archivo PDF adjunto.

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jueves, 7 de enero de 2016

Un mapa cultural de las fortificaciones matanceras: la batería El Morrillo

Por: Odlanyer Hernández de Lara

En el marco del Proyecto Progressus, hemos iniciado el relevamiento topográfico de las fortificaciones ubicadas en la región de estudio (en torno a la bahía de Matanzas, Cuba) para contar con una base de datos actualizada de los inmuebles y las estructuras asociadas. Esto, de por sí, es una labor encomiable, especialmente cuando no cuentas con los recursos necesarios para que un contingente de topógrafos haga el trabajo. Pero ello no nos detiene para alcanzar los objetivos.

La primera decisión fue elegir el lugar por donde comenzar. La idea no demoró en aparecer. El Morrillo se erigía como una opción práctica. Sus dimensiones y accesibilidad, favorecieron su elección.
Previa coordinación con la directora del Museo Memorial, Gisela Álvarez, con la gestión de de las investigadoras Silvia Hernández Godoy e Isabel Hernández Campos, y de la mano del arqueólogo Adrián Labrada Milán, del Gabinete de Arqueología de La Habana, se iniciaron los trabajos en El Morrillo, en medio del proceso de restauración que se lleva a cabo en el inmueble. El objetivo principal es la planimetría digital de la batería de costa, lo que permitirá generar modelos en 3D. Luego de dos visitas al lugar, contamos con las medidas necesarias para concretar el edificio principal de la batería, que ya está casi completo.

Vista de El Morrillo durante el proceso de restauración que se lleva a cabo en la actualidad.
Mientras Adrián sigue avanzando en la digitalización, resta tomar más medidas para ubicar el basamento del torreón que existió en el lugar y que constituyó el primer punto de vigilancia y defensivo de la desembocadura del río Canímar. Algunos rasgos del terreno también se incorporarán en la planimetría, como algunos escalones tallados en la roca estructural que dan a la playa y las huellas de la extracción de sillares que debieron ser utilizados para la propia construcción del torreón y la batería.
Reconstrucción 3D de El Morrillo realizada por Adrián Labrada
Reconstrucción 3D de El Morrillo realizada por Adrián Labrada



Pero este espacio tiene otros misterios escondidos detrás de la vegetación, casi imperceptible al ojo no entrenado. Por allí también se esconden trincheras y hasta otra batería, construida en 1898 para defender las costas de la bahía del ataque de la flota estadounidense que irrumpió en las aguas matanceras a finales de abril de ese año.
El final, un mapa cultural del conflicto en la región, que develará cómo se utilizó el paisaje estratégicamente para la protección del puerto y la ciudad, pero también, un inventario detallado del patrimonio local, que en ocasiones reviste de significación mundial. 

lunes, 4 de enero de 2016

Proyecto Progressus. Arqueología, patrimonio y desarrollo social: de las fortificaciones a los campos de batalla

Proyecto Progressus. Arqueología, patrimonio y desarrollo social: de las fortificaciones a los campos de batalla.

Coordinadores:
Odlanyer Hernández de Lara (Cuba Arqueológica / Grupo de Investigación de Arqueología del Conflicto / Universidad de Buenos Aires)
Boris Rodríguez Tápanes (Cuba Arqueológica)
Jorge Garcell Domínguez (Consejo Nacional de Patrimonio Cultural)
Silvia Hernández Godoy (Grupo de Investigación y Desarrollo, Dirección Provincial de Cultura, Matanzas)

Este proyecto parte de una premisa: el principal aporte de la ciencia es para con la sociedad, por lo que progressus, que en latín significa desarrollo, está orientado sobre todo al desarrollo social de la comunidad a partir de la investigación y revalorización del patrimonio histórico-arqueológico. Somos conscientes de la significación del pasado para la construcción de identidades, por lo que consideramos como lineamientos fundamentales el rescate de la memoria colectiva y su materialidad asociada, la puesta en valor del patrimonio y su uso responsable para repercutir positivamente en la comunidad. Para ello, se propone la investigación de sitios patrimoniales y colecciones museológicas relacionados con conflictos bélicos, en pos del rescate y salvaguarda de unos bienes, a veces desconocidos, que poseen un valor histórico y social que trasciende la escala local.

Logo del Proyecto Progressus, con uno de los baluartes del Castillo de San Severino
Con un alcance geográfico regional, el área de investigación se extiende en torno a la ciudad de Matanzas y su bahía, considerando que este territorio fue testigo de numerosos esfuerzos defensivos que tuvieron un impacto diferencial en cuanto a la dimensión espacial en diferentes momentos históricos. Si bien el mayor interés se centra en la zona costera, donde se construyeron la mayoría de las fortificaciones en momentos de enfrentar peligros externos, es importante tener en cuenta también el territorio limítrofe de la ciudad, donde se erigieron puntos defensivos y de control cuando el peligro interno se acrecentó.

Mapa cartográfico de Matanzas. Instituto Cubano de Geodesia y Cartografía
El alcance temporal está enfocado en perspectiva diacrónica, considerando desde el siglo XVI, con la confrontación hispano-indígena que dio origen al nombre de la ciudad, hasta el siglo XX, con los últimos enclaves construidos para la defensa costera durante la Crisis de Octubre. Este abordaje se concibe como multidisciplinario, teniendo en cuenta el aporte que se pueden realizar desde diversas perspectivas científicas como la Historia, la Arqueología, las Geociencias, la Antropología, el Turismo, etc. En ese sentido, la óptica con la que se enfoca la investigación parte de la máxima: no se conserva lo que no se conoce; y la conservación del patrimonio es, ante todo, una responsabilidad social, como lo es también la difusión entre la comunidad. Sin embargo, la difusión de los bienes patrimoniales debe estar precedida de una investigación consciente, en pos de construir conocimiento que repercuta en la formación patrimonial de la sociedad, a la vez que se integren los valores para su protección, no sólo legal, sino, sobre todo, social.

Objetivos generales
  1. Contribuir al conocimiento del conflicto como proceso histórico social desde una perspectiva pluridisciplinaria que tiene en cuenta la Arqueología, la Historia, las Geociencias, etc., con una visión diacrónica regional, tomando como escenario geopolítico el entorno de la ciudad de Matanzas, Cuba, y su bahía, con una escala cronológica macro que abarca desde el siglo XV hasta el XX.
  2. Desarrollar una conciencia patrimonial en la comunidad local a partir de una participación activa de la población en el proyecto y de la implementación de un turismo histórico cultural en la región de estudio a partir del conocimiento generado que contribuya al desarrollo local.